
“Lo inexpresable no existe”
Théophile Gautier
Y… Ahora que las tortillas han pasado a ser un artículo de lujo, haremos una declinación hacia ese alimento barato y consumible: el pasto y los quelites. En eso estaba cuando entré al restaurante y todo en él me tomó desprevenido, los quelites y el pasto se quedarían con las ganas porque allí los chiles rellenos me daban la bienvenida, la ensalada se enverdecía nomás por el gusto de verme y la pizza, toda ella me guiñaba el ojo lleno de salsa de tomate; las hamburguesas se cuchicheaban para hacer alguna estrategia y así llamar mi atención, el mole tomaba fuerzas de no sé dónde y sacaba a relucir su aroma deslumbrante, el pozole siendo un poco más grosero, lo único que hacía era pelar unos dientes bien reventados, el espagueti, trataba de lazarme el cuello, en tanto que el chile colorado se ponía furioso y un poco más colorado, los tacos con crema tocaban sus flautas y la pierna ahumada me invitaba adentro, o hincarle un colmillo; pero las chuletas de lomo… ¡Esas no tenían vergüenza!
Una vez que me acomodé en la mesa, las galletas empezaron a hechizarme con su aroma dulce y seductor. No pude resistir la tentación y, sin pensarlo, comencé a devorarlas una tras otra, dejando que su sabor envolviera mis sentidos. Mi mirada de gavilán se abalanzaba sobre los platillos. El perfume anais-anais me vitoreaba la indulgencia Mi indiscreción no preocupaba a nadie, la avispada mirada continúa desperdigándose por la estancia.
“Los hipopótamos me roen. Los corderos, cuando me miran, acuden a acurrucarse en mis cobijas; un pequeño tritón ha chupado mi cerebro y ha ocupado su lugar.”
“Sentí cómo los hipopótamos me roían con sus miradas implacables, mientras los corderos, al verme, se acurrucaban en mis cobijas. Un pequeño tritón, en un acto surrealista, había tomado el lugar de mi pensamiento, llenando mi mente con su presencia extraña.”
Me veía en el parque y allí, la hoguera prendida a una pértiga en vaivén era atacada por ligeros cohetes que cruzaban la distancia y estos se encontraban amarrados a cintillas largas, como mechas sulfúricas que al tocar la lumbrera se prendían y hacían caer trenzas pirotécnicas de colores y contornos humeantes desde lo alto, se me figuraba ver aquellos antiguos artefactos pirotécnicos que dejaban caer encendidos de cohetes: chispas y petardos desde la torre de la iglesia, hasta la explanada por medio de una soga. Aquellos jóvenes cerca de la fuente hundida jugueteaban para ver quien ganaba en la competencia de tener el mayor alcance en sus patinetas.
Comía todo aquello como un desaforado, los meseros me atendían con maestría. Degustaba los manjares con todo y sus colores: rojo salsa, verde perejil, color tortilla, blanco cebolla, entre otros y bebidas varias como vino, refresco de soda y café. En el portal izquierdo, cerca del bar, las noticias titiritaban en la pantalla de la tele, anunciaban tal vez buenas noticias, como siempre, yo esperaba las peores inclemencias. —a grosso modo—, la inconformidad de la tribu se climatizaba en el ambiente. La erupción de la guerra encostalaba a gatos, y a perros. Las lúdicas caras de: Centímanos, Multicéfalos, Cien-ojos, Cari-horrendos, Zoomorfos; Híbridos de múltiple casta como el Cerbero, la Quimera; se dejaban ver en la pequeña pantalla. Como que se querían salir de ella…
Estoy impúdico. Sentí cómo los hipopótamos me roían con sus miradas implacables, mientras los corderos, al verme, se acurrucaban en mis cobijas. Un pequeño tritón, en un acto surrealista, había tomado el lugar de mi pensamiento, llenando mi mente con su presencia extraña. Dejemos que las larvas vayan colonizando en tribus por mi vieja axila. De manera muy escueta, una bifurcación de células hizo de mi entusiasmo un vodevil. Y luego, un Hipocampo gendarme inauguró una marcha de Híbridos: la marsopa-raqueta, el estudiante-hurón, el murciélago-betún, la pantera-oasis. Los espectros del transporte se asomaban al restaurante y se abrazaban a la estructura del edificio. Alguien me llamó. ¡No supe que pasó! Pero… me salí del restaurante sin pagar la cuenta. En ese momento desperté de mi sueño.
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