
“…Robert Burton narra la historia de una Lamía,
que había asumido forma humana y que sedujo a un joven filósofo
‘no menos agraciado que ella”. Jorge Luis Borges
Diosito me dio la oportunidad de soñarte, y allí es donde te encontré, quería que fueras parte de mi voluntad. El deseo de poseerte ha sido de tiempo atrás, como cuando eras niño y tu madre te espantaba con el hecho de que yo te llevara. Seguramente con los años pensaste que no era yo más que una fantasía, el mito que se crea para controlar las travesuras de niños malcriados. Existo. Soy parte de este contexto, el mundo donde tú vives y de otros mundos que ni siquiera te imaginas. Negar mi existencia suena insustancial. Soy la entidad que gobierna mentes, o acaso, ¿Podrás negar que te tengo atrapado?, ¿Qué no acaso mi voluntad es exactamente ese albedrío que según piensas es tuya, más, sin embargo, no lo es? Carezco de la facultad de hablar. No importa. Puedo dominar las mentes y hacer que la imaginación se conduzca como yo quiera. Pondré un ejemplo para que no dudes de mi existencia. Escribe e imagina un cuarto. Lo tienes, bien; el cuarto que tú imaginaste es más o menos de cuatro por cuatro metros y la altura aproximada es de dos metros, ahora bien, imagina y escribe una mesa en medio de ese cuarto, lo tienes, bueno pues, la mesa que has imaginado es o bien de fierro o bien de madera y tiene cuatro patas y la forma de la mesa es rectangular. Has escrito he imaginado lo que yo quiero; mi voluntad se ha expresado y tu mente ha sido mi herramienta. Lo ves Edgar, ahora ya deja de creerte un hombre creativo. Todo ha sido mío, ha sido la experiencia que he tenido en otros mundos, ha sido mi vida, mi voluntad. ¡Y Aquí estoy y no podría estar en otra forma! Sin mí eres una nube a punto del desmayo o como un bagazo. Ya puedes empezar a sentirte frustrado, al fin y al cabo, eso es lo que yo deseo. Quiero que te sientas como una costra. Es más, así como te he seducido, también he atrapado a los lectores. ¡Oye tú! Sí…………tú…………quien está leyendo, pensabas que no me había dado cuenta, también has caído en el juego, en el garlito. Te he atrapado. Quizá continúes leyendo o puede que no, lo importante es que ya hiciste la lectura anterior y al darte cuenta de mi presencia se libera tu albedrío. He de presentarme para no ser descortés. Soy Lamia. La hechicera.
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