
—Sentado en las escalinatas, confundo y enojado miraba mis zapatos y hacía muecas tratando de no ver, tratando de escapar; rotos y enzoquetados descansaban al fin un poco del tianguis. Como mis zapatos era toda mi historia: corta. Estaba en el sexto año y llegué lejos. Ni sé nada del año, ni había clases. Mi tía me llevó a la graduación un ramo de gladiolos con flor de nube y me regaló un reloj de los “pica piedra”, tuve que bailar el vals con todo y pena, la canción de las “golondrinas” no la escuchamos bien porque estaba rayado el disco. — ¿Pensar en la secundaria? Mi mamá apenas tiene para que comamos y mi padre se la pasa de guevón y pulqueando con sus compadres; a mí no me queda otra más que seguir vendiendo cerillos, de ahí sale para el colectivo, las tortillas, y no voy a decir que no, también me alcanza para las “maquinitas”. —A mí me preocupa que no tengamos dinero, soy el mayor de mis hermanos y ya viene el otro. Parece que mi Padre no entiende, le dice a mi mamá que usar condones es anticristiano y eso lo dice el santo papa, y además que van a decir los compadres… que parece que están haciendo la competencia para ver quien le saca más a la “vieja”. Ya no sé qué cosa. Mis amigos del mercado, el “bolas” y “el traste” me invitan para que nos juntemos con otros cuates y echarnos el cigarrito y las “chelas”, ya sé que eso me conduce a ser uno igual a mi padre, o peor, que tal si la pruebo, es decir la “buena” y después me gusta, y con el tiempo quedo igual que Mateo… Perdido, perdido. —Ya no sé qué cosa, me lo vuelvo a repetir muchas veces, tal parece que a todos los de mi colonia les cayó la misma maldición que a mí, la mayoría anda con los zapatos jodidos, llenos de lodo, y no salimos de una cuando ya caímos en otra; a todos nos agarra por temporadas la diarrea, la gripa y hasta el fut-bol; parecemos herramienta de la moda, pero de aquella que agarra parejo aunque uno no quiera —Quién sabe que ha de significar el soñar escaleras, pero no el que uno vaya para arriba, sino el que descendamos de las escaleras más allá del suelo. Eso soñé ayer, y por eso estoy aquí, en las escalinatas; viendo mis zapatos rotos y enlodados, con el costal de cerillos empapado y la mercancía echada a perder. Por aquí han pasado unos “chavos bien” con tenis famosos… y de aire, embotarse de esos ha de ser la pura vida. Al bajar el último peldaño, resbala por el exceso de lodo en los zapatos perdiendo el equilibrio, y cae hundiéndose hasta el pecho en la alcantarilla abierta desde donde fluye hacia arriba como fuente, el agua del drenaje. Los cerillos se esparcen por la calle y son atropellados por los urgentes autos.
Deja un comentario