
Es preciso ser absolutamente moderno».
A. Rimbaud
Arthur Rimbaud es un poeta de pocas palabras, pero también son pocas las palabras que se le han atribuido a tan excelso poeta. “El poeta se hace vidente – afirma Rimbaud – mediante un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos”. Es en esta frase donde plasma la esencia de su pensamiento y de toda su creación. Su obra literaria es breve, elaborada entre los dieciséis y los diecinueve años (1870-1873). A pesar de su corta producción, su legado es impactante, lleno de imágenes poderosas que trastocan el alma.
Rimbaud busca en su poesía las máximas formas de amor, de locura y de sentimiento. Su búsqueda es, en última instancia, la de una libertad total, pero al mismo tiempo devastadora. «Si esta operación resulta vana – aclara Rimbaud – no queda más que elegir otros caminos y buscar la libertad en el sueño o en el silencio del propio yo interior o en soluciones metafísicas». Esta frase ilustra la profunda desesperación que experimentó al intentar encontrar sentido en un mundo que parecía vacío de significado. Sin embargo, Rimbaud rara vez, o nunca, fue esclavizado por sus sueños; al contrario, usaba el sueño y la introspección como vehículos para trascender la realidad, y es a través de esta alquimia del verbo donde Rimbaud da sus mayores aciertos.
Sus imágenes no tienen relación con el tiempo, humanizan y corporeizan hasta las cosas más increíbles. «Una noche, – dice Rimbaud – senté la belleza en mis rodillas, la encontré amarga y la injurié». Para Rimbaud, la belleza no era algo que se debía adorar pasivamente; Era algo que se debía desafiar, insultar y destruir, para luego reconstruir desde los escombros. Esta es quizás una de las claves de su grandeza: su rechazo a la belleza convencional y su capacidad.
En su poesía, la alquimia del verbo se entreteje entre la risa loca y la mente clandestina e idiota, ya menudo se siente como una batalla entre la luz y la oscuridad, entre el deseo de trascender y la realidad aplastante de la existencia. Hace hablar al demonio por sus belfos y remontar a zonas dantescas e infernales. Para él, la auténtica vida está ausente: nosotros no estamos en el mundo, estamos dentro de alucinaciones y combinaciones. Esta es la visión profundamente inquietante de Rimbaud, en la que el mundo real es una prisión y la única verdadera libertad se encuentra en los reinos del sueño, la locura o la muerte.
En sus últimas composiciones, la purificación orgiástica por los gritos subterráneos y sus palabras poéticas se mezclan con el exorcismo de sus propios demonios internos. Su exorcismo discursivo y desmedido, su culto al coraje clandestino ya la transgresión, hacen de él un poeta único en su tiempo y más allá. Rimbaud es, en definitiva, el poeta que se atreve a llevar sus emociones y pensamientos más oscuros a la luz, quien se atreve a desafiar.
Rimbaud desapareció del mundo literario, pero su influencia perdura. A través de su corta vida poética, desafió las normas, se enfrentó a sus propios demonios y plasmó en sus versos una desesperación existencial que sigue asombrándonos hasta nuestros días.
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