
Nunca elegí lo que soy ahora, sin responsabilidad alguna por mis palabras pasadas o futuras. Lo afirmo y lo niego en el mismo instante, mientras sigo inmerso en el juego, con un toque socarrón.
A los objetos repugnantes les encontramos encanto,
Surgidos de tu esencia,
Tus senos victoriosos,
Senos sorprendidos.
Él anhela amar, pero aquellos a quienes desea amar lo observan con temor.
Besar y acariciar el seno maltrecho de una vieja prostituta.
La harapienta entregando a sus voraces fauces, el tesoro lácteo de sus pechos caídos.
Suspiro por esas nalgas, de extraordinaria belleza, y el busto de un joven imberbe. Ahora percibo el aroma de tu ardiente seno.
Mis gustos: muerte, erotismo, modernidad, arte contemporáneo.
Pequeñas caricias en los ojos.
No puedo ocupar el lugar que ha dejado Dios, ya que el asiento me queda grande y a veces huelo a sudor, con pies adoloridos por tanto caminar.
La configuración de la escarcha se ha vuelto sombría.
Andamos en un estado catatónico, en piloto automático.
La generosidad intenta ganarme entre la multitud.
Observo a los demás y son muy pocos los que se ven.
La siembra soporífera de los verbos ha comenzado; inusitadamente, limpio el lugar y busco el limbo.
La mentira que se escurre por la televisión es miel, y aquel que se acerca queda embadurnado.
Tu capacidad de asombro no vale si no te provoca convulsiones.
Las teclas esquivas me tientan a seguir decodificando, sobre ellas la tela cognitiva que se aplana en la conciencia.
El conocimiento técnico y el cambio de las sociedades cerradas. La globalización. ¿Qué sucede con las sociedades que rehúsan unirse a la aldea global?
Creación de un manifiesto.
Sembrar el caos, la incertidumbre, el terrorismo pacífico.
Presidio allanado y libertino.
El dios omnipresente resulta inescrupuloso, pues ya se ha percatado de que me estoy frotando.
Tan solo veo un libro literario y se dibuja en mí un rostro cervantino, mi musa se convierte en mi mofletudo caballerango.
Cucarachas y moscas, naturaleza de la más hermosa.
La mente como testigo implicada del cuerpo.
Él anhela amar, pero los que desea amar lo observan con temor.
Besando y succionando el pecho maltratado de una vieja prostituta.
La desaliñada amorosa.
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