Edgar Sánchez Quintana

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Una reflexión sobre los valores tlaxcaltecas y la necesidad de superar la visión colonial en la conmemoración de los 500 años.

Edgar Sánchez Quintana.

  • Contexto histórico y perspectiva colonial

Me propongo en este ensayo posicionar mi pensar en cuanto a un evento histórico relevante, que es la conmemoración de los 500 años de la fundación de Tlaxcala, a mi manera de entender la celebración de los quinientos años de la fundación de Tlaxcala debe trascender el marco colonial y explorar los valores y estructuras sociales de los antiguos señoríos que formaron una civilización organizada y avanzada antes de la llegada de los españoles. Es crucial, en la reconstrucción de la identidad tlaxcalteca contemporánea, resalte estos valores ancestrales y evite que la conmemoración se convierta en un escenario de intereses políticos superficiales o gastos innecesarios que desvirtúen el reconocimiento genuino de una historia mucho más profunda y compleja.

En la palestra ponemos los valores, de aquellos naturales de antes de la llegada de los españoles como seres aglutinados en valores como la libertad, la autonomía, la resistencia cultural, una sociedad orgullosa de sí misma. Por razones bien formadas los antiguos ancestros de Tlaxcala tenían por territorio esta zona y la llamaban republica conformada por los cuatro señoríos: Tepeticpac[1], Ocotelulco, Tizatán, y Quiahuiztlan, en ellos se demuestra que tenían una república confederada con características bien definidas, mostrando un modelo de organización política, económica y militar autónoma.

Las rivalidades entre los mexicas y tlaxcaltecas se fueron acrecentando debido al ámbito económico, puesto que su sitio en la región era paso para mercancías que venían tanto del norte como del sur, así como de ambos mares, y su amplia estructura social permitía tener correspondencia con distintas tribus y regiones de la comarca, su panteón de dioses le venía bien, cohaticue, camaxtli, texcaltipoca, que si bien no eran dioses sino divinidades y no exclusivas sino que algunos otros pueblos las fueron adoptando como divinidades propias.

  • Valores de los señoríos tlaxcaltecas

Una sociedad que se acrecienta con el tiempo se vuelve compleja , se especializa y jerarquiza para conformar una sociedad, con tradiciones, sistemas legales y estructuras jerárquicas[2]  no hace otra cosa más que enriquecer su entorno y ser envidiado por otros, como lo serían los mexicas y los cholultecas, había un odio de los tlaxcaltecas hacia los mexicas, pero primordialmente por sus principios fundacionales, los cuatro señoríos, eran una república confederada independiente y no se avasallaba ante ningún señor[3], o dios y el imperio Mexica era un gobierno expansionista y avasallador, esto respondían los principales y cito:

(Diego, 1999)§ 154. “A lo cual respondieron los embajadores de Tlaxcalla: “Señores muy poderosos, Tlaxcalla no os debe vasallaje, ni desde que salieron de las Siete Cuevas, jamás reconocieron con tributo ni pecho a ningún rey ni príncipe del mundo, porque siempre han conservado su libertad; y como no acostumbrados a ésto, no te querrán obedecer, porque antes morirán que tal cosa como ésta consentir”

Tlaxcala sólo defendía su territorio, lo protegía de intromisiones de otras regiones.

  • Comparativa con otras civilizaciones

La bravía que tenían los tlaxcaltecas guerreros y su indomabilidad les hizo ganarse bastante respeto, la idiosincrasia  del guerrero y sus tradiciones dificultosas para llegar a serlo, un guerrero águila o un guerrero jaguar era una marca de prestigio y respeto, había una serie de  etapas a superar que estaban concomitantemente entrelazadas con el carácter que debían de tener así como la ligadura que esto conllevaba con la religión, el honor en combate y el compromiso con los dioses de la guerra como Huitzilopochtli, viene a bien recordar los guerreros, espartanos ya que estos  eran famosos en su tiempo por tener una disciplina rígida y su rechazo a cualquier forma de debilidad; su carácter estaba forjado en un ambiente de autosuficiencia extrema donde la valentía en la batalla era lo más valorado, aceptar la muerte por la defensa de Esparta era el mayor honor, y la cobardía era considerada una deshonra insuperable, lo mismo podríamos decir de los hoplitas griegos cuyos valores estaban en conformarse como una unidad en falange y su disciplina fuerte era tal que desaparecía el individuo y el entrenamiento los hacía fuertes con los más altos ideales de defender a la polis.

Estos ejemplos traigo a colación para poner en igualdad a los guerreros tlaxcaltecas, los espartanos no eran mejores que los tlaxcaltecas y lo mismo que los hoplitas griegos no eran mejores que los tlaxcaltecas, más bien ha de verse como una síntesis de valores de ambos en sus distintas civilizaciones, ha de ser que en veces la ignorancia aturde, pero sabiendo se entenderá las razones del porque el imperio azteca les tenía en alta estima  y no arrasaba a ese pueblo tlaxcalteca por razones de respeto y porque de alguna manera Moctecuzoma sabía que eran los tlaxcaltecas descendientes de las mismas regiones y ramas de donde todos habían partido, es decir, de las siete cuevas y seguramente escuchaba la poesía y el arte de esas regiones.

En los tiempos previos a la llegada de los españoles los tlaxcaltecas desarrollaban una resistencia cultural, puesto que la hegemonía del imperio azteca diezmaba los hábitos y la idiosincrasia de las regiones aledañas; imaginemos a Estados Unidos de Norteamérica, con sus hamburguesas y hot-dogs en la actualidad, pues era así de manera ejemplificada,  debía de tener una identidad bien fundada y una sociedad orgullosa de su pasado y resiliente para sobrellevar el próximo futuro; incluso puedo asegurar que la identidad del pueblo tlaxcalteca nunca fue diezmada u opacada, ni aun cuando surgió la refriega moderna de la traición que le achacan o bien cuando hacen risa de que  “no existe”, eso, me da a entender a nivel simbólico que hay que demeritar y hacer menos para sentirnos más y así lograr pérdida de identidad.

La colaboración y unidad como valores primigenios sirvieron para cuando los españoles llegaron a este territorio, sólo fue luego de que convinieran entre ellos de que llegaran a este territorio, la manera como los españoles pudieran pisar esta tierra, no pudo haber sido de otra manera. Tlaxcala no era un fin para las intenciones de los españoles sino un medio para llegar al imperio mexica, la alianza que se formó fue para beneficio de ambos, las alianzas con otros pueblos de parte de los Tlaxcaltecas ya habían sido como las uniones con los texcocanos y otros no menos importantes. 

La identidad del pueblo tlaxcalteca como pueblo guerrero y feroz se transformó para mal a la llegada de los españoles, no es que estos tuvieran esa intención sino la mezcla de idiosincrasias trajo consigo demerito de virtudes de los naturales e imposición de razones europeas, que no entendían la cosmogonía y su organización social, de tal modo que los unos imponían sus maneras “europeas” de civilización ante un falto entendimiento de las tradiciones y culturas de los “salvajes” tlaxcaltecas, en este punto podemos considerar el pensamiento del antropólogo Claude Lévi-Straus en “Tristes trópicos” (1955)

“La civilización nunca es lo que dice ser: ella no escoge entre orden y caos, sino que establece arbitrariamente la distinción entre los suyos, a los que consideran ordenados, y los otros, a quienes clasifican como caóticos. Esta distinción, lejos de ser universal, es tan sólo una interpretación conveniente para quienes buscan justificar su hegemonía sobre lo diferente” (Tristes trópicos, 1955

Los tlaxcaltecas no encajaban dentro del pensamiento reduccionista de los “civilizados” españoles, los parámetros occidentales no permitían un encajamiento de entendimiento de una civilización Tlaxcalteca, ante esto habría que negarla, reducirla, diezmarla y encausarla por los caminos de una pedagogía civilizatoria; esto es particularmente relevante para los señoríos tlaxcaltecas, cuya organización política y social compleja, con una herencia cultural que muchas veces ha sido minimizada.

A mi entender, hemos de profundizar, así como lo habría estudiado Lévi-Straus todas las culturas tienen sus propias lógicas internas y formas de organización que deben ser entendidas en sus propios términos sin imponerles categorías externas, las civilizaciones mesoamericanas como la tlaxcalteca desarrollaron estructuras políticas y sociales que, aunque diferentes a las europeas no eran menos sofisticadas ni menos civilizadas.

Habremos de incluir en este ensayo para complementar las ideas, un antropólogo más que ejemplifica como las sociedades administran categorías de dominación, este antropólogo se llama Edward Said en su libro “Orientalismo” (1978)

“El orientalismo no es solo un campo académico de estudio, sino un discurso, una forma de poder que Occidente utiliza para dominar, reformular y administrar las culturas no europeas, presentándolas como irracionales, infantiles y salvajes” (Orientalismo, (1978)

Ya en líneas arriba habíamos descrito en comparativa como los guerreros tlaxcaltecas tenían semejanza con los guerreros espartanos y los hoplitas griegos entre otros para dar a entender que ante civilizaciones como la griega o los romanos otros eran los salvajes, no olvidemos como España fue dominada por “salvajes” moros que al final de cuentas dejaron en su territorio: cultura, vocablos, tradiciones y arquitectura árabe que se llega a ver en España y era, de aquellos “salvajes” que también cortaban cabezas y eran guerreros despiadados.

  • Valores rescatables

Afirmo que, los tlaxcaltecas, lejos de ser una sociedad primitiva, era  una república organizada con leyes, valores religiosos y estructuras sociales definidas y adelanto a decir que los valores aglutinadores de los cuatro señoríos antes de la llegada de los españoles son los valores a los que nos debemos  dirigir, es decir, la unidad puesto que ésta daba una conformación política entre los cuatro señoríos, la identidad[4] que nunca pudo ser diezmada por más adversarios he imperios que se hayan puesto enfrente, la soberanía que guerreros águila y jaguar protegían desde  los territorios fronterizos de la república y el otro valor era la legitimidad, Tlaxcala  no había dos, Tlaxcala era único, Tlaxcala era envidiado por los territorios vecinos, Tlaxcala sabía de donde había venido, Tlaxcala comandaba su propia política y no había quien le dijera que no, Tlaxcala era poesía y exportaba cultura, he allí la legitimidad y por qué propongo que estos valores fundacionales llegan hasta nuestros días como herederos nosotros de aquellos sin parangón de aquellos tiempos, estos valores reconstruyen nuestra actualidad, lo afianzan, lo cimientan, aportan carácter a lo que ahora debe llamarse como lo tlaxcalteca.

Ante esto, y explicado con abundante soltura, que podemos esperar ante una conmemoración de la “fundación”[5] de Tlaxcala luego de 500 años hacia acá. Ese periodo, estamos hablando de la colonia pues tendría que ser menos relevante si trata de ignorar las raíces profundas de la civilización tlaxcalteca, y tratando su historia desde una perspectiva de dominación colonial que sólo reconoce su valor desde la llegada de los españoles, es como decir el año cero, las civilizaciones dominantes indican: como se dice, como se hace, y que se venera; a lo mucho, podríamos pasar de largo, sin mirar, a ojos cerrados lo que fue el inicio de la colonia: abusos, atrocidades sobre los pueblos indígenas, masacres y ejecuciones indiscriminadas, esclavización, aparte de las atrocidades físicas y culturales que cometieron los colonizadores también fueron sometidos a diversas formas de opresión psicológica y simbólica, es decir a una deshumanización sistemática por ser “salvajes”. Para ellos era correcto y era su derecho esos abusos, además de que, esta actitud era alimentada por las idea racistas y teocéntricas que promovían la creencia de que los indígenas debían ser “civilizados” a través de la religión y la cultura europea y así despojarlos de su propia identidad.

Quien ha vivido en Tlaxcala sabe que en el centro de la ciudad existe una piedra en forma de monolito circular pegada a la construcción de un edificio en lo que antes era una panadería que se llamaba “la picota” en una esquina de lo que es el parque, ahora me parece que pusieron un Oxxo, cosa de lo más inoportuno, pues bien, esa piedra, tiene simbolismo y significado, las picotas servían como dispositivos de castigo y humillación pública. Esa piedra asomándose en el edificio muestra un artilugio de castigo traído como herencia directa de las practicas medievales europeas. Pero, si esa piedra hablara y pudiera describirnos los horrores, estaríamos espantados de pensar siquiera, que la colonia fue lo bueno y lo mejor para Tlaxcala[6]

A alturas de esta investigación, es oportuno, enfocarnos en reflexionar como la conmemoración de los quinientos años de la fundación de Tlaxcala (motivo por el cual realizo este ensayo) puede ser de muy buen ver para quienes no conocen la historia o bien no quieren reconocer que, en el pasado, los ancestros fueron pisoteados en su dignidad, y que en cosas del pasado (afirman algunos soberbios de casta) que no hay porque pedir perdón a los antiguos por tanta humillación; sino hay más bien que agradecerles que trajeron la civilización a esa bola de indios incultos. Es necesario voltear a ver y reconstruir los valores ancestrales de los antiguos señoríos, la unidad con la que contaban, su civilización organizada la identidad que les glorificaba ante sus enemigos, la soberanía que colmaba sus pechos y la legitimidad con la que protegían su ser y cosmogonía. Eso es lo que ha de ser de importancia, mas no un evento de escenario que sirva a otros intereses y sin sustento realmente histórico.

  • Reflexión final sobre la conmemoración y su relevancia.

Mi intento en este estudio sobre los antiguos naturales de Tlaxcala es que no se utilice a esas ancestrales figuras de antiguo, o bien a una fecha ignominiosa por donde se le quiera ver para usos superficiales, como un escenario de interés político o bien para poner en el estrado al apadrinado que queremos en reflectores para futuras votaciones o bien para gastos innecesarios que desvirtúen el reconocimiento genuino de una historia de Tlaxcala y sus valores, mucho más profunda y compleja, pero tan afortunadamente verdadera  que bien podría servir  de estandarte para que las generaciones presentes valoren e integren en su ser, valores y virtudes como la identidad, la unidad, el valor, la soberanía y legitimidad del pueblo tlaxcalteca de antiguo.

Concluyo reafirmando la importancia de celebrar los quinientos años no sólo como un hito colonial, sino como una oportunidad para recuperar el legado profundo de los antiguos tlaxcaltecas y evitar la banalización de la historia a través de intereses políticos frívolos, el reconocimiento de los valores ancestrales no sólo enriquece la identidad tlaxcalteca sino que proporciona también una base sólida para enfrentar los desafíos contemporáneos con la misma dignidad y unidad que caracterizó a los antiguos señoríos.

Una conmemoración verdaderamente respetuosa hacia Tlaxcala debería trascender la mera fecha de la fundación colonial y reconocer que esta tierra fue, durante siglos, una confederación de señoríos que mantuvo una identidad única y enorgullecedora. Reivindicar los valores de unidad, soberanía, identidad y legitimidad que caracterizaron a los antiguos tlaxcaltecas es, en última instancia, la manera de honrar la memoria y el espíritu de una civilización que, lejos de ser sometida, ha perdurado en el tiempo, defendiendo su Autonomía y su lugar en la historia.

Glosario de libros sobre el tema

“Visión de los vencidos” de Miguel León-Portilla

 Un clásico de la historiografía mexicana, este libro recopila testimonios indígenas sobre la conquista de México, mostrando la perspectiva de los pueblos vencidos. León-Portilla se basa en códices y crónicas de los indígenas para dar voz a su experiencia de la llegada de los españoles y el cambio drástico que siguió. Su enfoque en la resistencia y el dolor de la pérdida cultural conecta con el reconocimiento de Tlaxcala como una cultura autónoma.

“La conquista de México” de Hugh Thomas

 Esta obra monumental ofrece un análisis detallado de la conquista desde la llegada de los españoles hasta la caída de Tenochtitlán. Thomas examina a profundidad la relación entre los tlaxcaltecas y los conquistadores, explorando las alianzas, tensiones y las motivaciones de los actores indígenas en el contexto de la conquista. Es una referencia fundamental para entender la complejidad de estos intercambios.

“Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares” de Miguel León-Portilla

 Este libro explora la riqueza de la cosmovisión y valores de las culturas indígenas prehispánicas. León-Portilla recurre a textos en náhuatl para mostrar las tradiciones y creencias de estas sociedades. Es especialmente útil para entender la identidad y los valores de los tlaxcaltecas como parte de un contexto cultural más amplio y diverso.

“La invención de América” de Edmundo O’Gorman

 O’Gorman analiza cómo el descubrimiento de América fue un evento que redefinió la identidad y la visión de los europeos sobre el mundo y sobre los pueblos indígenas. Este libro es esencial para comprender el proceso de dominación cultural y cómo la percepción del indígena fue construida a través de una mirada colonizadora, lo que ilumina el tema de la identidad tlaxcalteca en la época colonial.

“El espejo enterrado” de Carlos Fuentes

 Con un enfoque literario y filosófico, Fuentes examina la historia de América Latina desde sus raíces precolombinas hasta el presente. Su análisis de la identidad, la cultura y la influencia de las civilizaciones indígenas en la cultura contemporánea es relevante para entender la importancia de rescatar la memoria histórica de Tlaxcala. Este texto invita a reflexionar sobre cómo las culturas prehispánicas siguen vivas en la identidad de las naciones actuales.

 

Bibliografía

  • Muñoz Camargo, Diego . Historia de Tlaxcala . Edición y traducción de Alfredo Chavero. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1981.
    • Este texto clásico ofrece una visión detallada sobre la historia de Tlaxcala, documentando su perspectiva cultural, política y religiosa, y es clave para estudiar la identidad tlaxcalteca en el contexto prehispánico y colonial.
  • Lévi-Strauss, Claude . Tristes Trópicos . Traducido por Enrique Pezzoni. México: Fondo de Cultura Económica, 1967.
    • Este libro es una reflexión profunda sobre la antropología y la cultura. Lévi-Strauss narra su viaje a Sudamérica y sus encuentros con diversas culturas indígenas, lo que lo lleva a desarrollar su teoría estructuralista. Su perspectiva ayuda a comprender los valores culturales indígenas como elementos complejos e interconectados.
  • Tylor, Edward B. La cultura primitiva: investigaciones sobre el desarrollo de la mitología, la filosofía, la religión, el arte y las costumbres . Londres: John Murray, 1871.
    • Tylor es uno de los padres de la antropología moderna, y su obra es fundamental para entender el concepto de cultura y religión en las sociedades antiguas y en desarrollo. Este texto introduce el concepto de “cultura” como un sistema complejo, abriendo el camino para los estudios de la identidad y el simbolismo cultural de sociedades como la tlaxcalteca.

[1]

§ 128. Principio y origen del señorío y reino de Tlaxcala y de los primeros fundadores. La primera fundación fue la cabecera de Tepeticpac, la cual fundó y pobló el único señor y rey llamado Culhua Quanez, que fue el primer señor de los teochichimecas que quiere tanto decir como divinos teochichimecas texcaltecas, venidos de las partes del poniente en cuanto a nuestro centro, de muy lejanas partes desde las Siete Cuevas, pasando grandes desiertos y montañas, ciénegas y ríos y otros trabajos y peregrinaciones.

[2]

“142. De cada casa de éstas y cabecera, procedían otros muchos tecuhtles mayorazgos, que quiere decir caballeros y señores, y otras casas que llaman pilcales, que es como decir casas solariegas de principales hombres hidalgos, en lo cual se tenía particular cuenta, porque los descendientes [F. 48 v.] de éstos son estimados por hombres calificados.”

[3]

§ 145. Y ansí poblada la muy insigne y no menos que leal provincia de Tlaxcalla, tuvieron paz y concordia con todas las provincias comarcanas grandes tiempos (…), porque iban a contratar a todas partes, de una mar a otra, de la del sur a la del norte, y de levante y poniente… finalmente, de estas tierras traían oro, cacao, algodón y ropa, miel y cera, plumería de papagayos y otras riquezas que mucho estimaban. § 146. En tanta manera, que vino a ser el reino de Tlaxcalla uno de los mayores reinos que hubo en estas partes del Nuevo Mundo, gobernado por los cuatro señores de las cuatro cabeceras…

[4] La identidad o la identidad de lo tlaxcalteca fue trabajada por un pintor muralista en Tlaxcala, este autor le llamaba la “tlaxcaltequidad” él como cronista de Tlaxcala reafirmaba estos valores en la actualidad. Este autor se llamaba Desiderio Hernández Xochitiotzin.

[5] La fundación de Tlaxcala se da debido al rey español Felipe II quien otorgó el título de “ciudad de Tlaxcala” en 1535. La distinción fue significativa, ya que permitió a Tlaxcala conservar cierto grado de autonomía y privilegios, como el derecho a mantener un cabildo indígena. Este reconocimiento también reflejaba la importancia estratégica de Tlaxcala en la Nueva España, tanto desde el punto de vista estratégico, como económico

[6] Las **picotas** fueron dispositivos de castigo y humillación pública utilizados durante la época colonial en América, herencia directa de las prácticas penales medievales europeas. Eran postes altos o columnas de piedra o madera, situados en plazas públicas, donde se exponía a los condenados por diversos delitos para que sirvieran de ejemplo y escarmiento ante la población. ### Uso y función de las picotas 1. **Castigo corporal y exhibición pública**: Los criminales eran atados a la picota para ser azotados o sometidos a diferentes formas de tortura física, como el látigo o la mutilación, en frente de la comunidad. Las picotas estaban a menudo situadas en lugares visibles, como el centro de la plaza principal o en mercados, para maximizar la exposición del castigo. Este método de exhibición reforzaba el poder de la autoridad colonial y el orden social, al mismo tiempo que servía como para advertir a aquellos que pudieran pensar en transgredir la ley.

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