
Descubre cómo la globalización de 2011 se desmorona en 2026. Edgar Sánchez Quintana analiza el declive del imperio, la inestabilidad global y la resistencia de México bajo un nuevo régimen.
Por Edgar Sánchez Quintana
La globalización, concepto que en 2011 se debatía con una mezcla de optimismo y temor ante su imparable avance, se presenta en 2026 bajo una luz radicalmente distinta. Aquellas tesis sobre la homogeneización cultural y la hegemonía económica, formuladas en un contexto de aparente estabilidad, hoy se ven puestas en entredicho por una realidad geopolítica y económica fragmentada y en constante redefinición. Este ensayo revisita la globalización cultural y la consolidación del tercer sector, contrastando las visiones de hace una década con el panorama actual, marcado por el declive del poder hegemónico, la inestabilidad global y la búsqueda de soberanía nacional en México.
En 2011, la globalización se percibía como la culminación del capitalismo, un proceso impulsado por la informática y la apertura de mercados tras la Guerra Fría. Se hablaba de una «mundialización» que integraría todos los ámbitos sociales bajo la égida de un capital sin fronteras. Sin embargo, en febrero de 2026, la narrativa ha cambiado drásticamente. La economía estadounidense, otrora el motor indiscutible de este proceso, se encuentra en una recesión percibida por casi tres quintas partes de sus ciudadanos, a pesar de cifras oficiales que muestran un crecimiento modesto . El dólar, símbolo de esa hegemonía, ha experimentado un declive constante desde 2025, con proyecciones de caídas adicionales, lo que sugiere un cambio de ciclo más que una mera fluctuación . Este escenario de «boomcession», donde la prosperidad oficial no se traduce en bienestar percibido, revela las grietas profundas en el modelo que se creía inquebrantable.
La idea de un «imperio que permea todas las naciones» sin asentarse en ningún sitio, que en 2011 parecía una descripción futurista, hoy se confronta con la cruda realidad de un imperialismo en sus comienzos de derrumbe. La guerra en Medio Oriente, con ataques directos entre Estados Unidos, Israel e Irán, y la consecuente inestabilidad global, evidencian un mundo multipolar donde la fuerza militar y la diplomacia de las grandes potencias ya no garantizan un orden unificado . Este conflicto, lejos de ser un incidente aislado, es un síntoma de la desintegración de la «Bella Totalidad» que la globalización prometía, revelando la persistencia de intereses nacionales y conflictos ancestrales.
En este contexto de reacomodo global, México ha transitado por un cambio de régimen significativo. Las administraciones de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum han impulsado una política de «Cuarta Transformación» que, aunque no explícitamente antiglobalización, ha priorizado la soberanía nacional y el fortalecimiento del mercado interno. La retórica y las acciones se han centrado en reducir la dependencia de los vaivenes económicos externos y en invertir en el «tercer sector» o capital social, entendido como el entramado de relaciones y confianza que sustenta la vida en sociedad. Esta visión contrasta con la idea de que el mercado (primer sector) y el gobierno (segundo sector) son los únicos pilares. Para el México actual, la inversión en la cultura, la comunidad y las relaciones interpersonales es vista como un blindaje contra las turbulencias de un capitalismo globalizado y en crisis. Se busca una «unidad con diversidad», donde las culturas locales no sean aniquiladas por un humanismo homogeneizador, sino que se integren orgullosamente a una diversidad global incluyente.
La cultura, en este nuevo paradigma, deja de ser un mero «acompañamiento» al orden económico para convertirse en un actor fundamental en la construcción de una sociedad más justa y equitativa. La pérdida del sentido de «responsabilidad histórica» y de «actor social», lamentada en 2011, encuentra en el México de 2026 un intento de recuperación a través de la revalorización de lo propio y la resistencia a la imposición de modelos externos. La burguesía «fluctuante y evanescente» descrita por Anderson, que no conoce fijezas sociales ni identidades estables, se enfrenta a una sociedad que busca anclarse en sus raíces y en la fuerza de su capital social para navegar las turbulentas aguas de un mundo en transformación. La globalización, lejos de ser un destino ineludible, se revela como un campo de batalla donde la cultura y la soberanía emergen como los verdaderos baluartes de la dignidad humana.
Referencias
[1] CNN. (2026, Febrero 24). This is the state of the economy (ahead …). Recuperado de
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