
Un ensayo profundo que explora la conexión entre el petróleo como sangre de la Tierra y la manipulación de la energía sexual humana como anclajes de control.
Por: Edgar Sánchez Quintana
Tlaxcala, Tlax.
Se podría considerar a simple vista que estos dos conceptos no tienen ninguna relación; que son excluyentes y dicotómicos. Pero detengámonos a pensarlo un poco.
Traigo a este espacio de intercambio una reconsideración sobre ambas cosas desde una perspectiva nueva, tal vez insospechada o figurada. Veamos cómo es posible entender estos elementos de manera concatenada y profundamente lógica.
El petróleo es el producto que, por antonomasia, mueve a este planeta; se mire por donde se le mire, es así. El sexo, en su manifestación más instintiva, cumple una función similar en la psique humana. Pero cabe preguntarnos: ¿Es esta dependencia natural o artificial? ¿Existe un interés oculto en mantenernos dependientes del petróleo y de su infinidad de subproductos? ¿Funciona también el sexo manipulado como un elemento diseñado para anclar al ser humano en la tercera dimensión, atándonos exclusivamente a los chakras inferiores (raíz y sacro)?
El Petróleo: La Sangre de la Tierra y la Ilusión de la Escasez
Hablemos primero del petróleo. ¿Saben ustedes realmente qué es? Más allá del discurso oficial que lo define como compuestos orgánicos en descomposición (hidrocarburos), resulta curioso que la ciencia moderna, con toda su tecnología, no haya podido sintetizar este mismo petróleo en un laboratorio de manera rentable. No lo han hecho porque eso desmantelaría el negocio.
Primero nos mantienen en ascuas afirmando que el petróleo se va a acabar, lo que justifica mantener los precios altos. Luego, tras crisis económicas o devaluaciones (como ha ocurrido históricamente con la moneda mexicana), de pronto se anuncian nuevos yacimientos, se incrementa el número de barriles a futuro y el sistema sale del bache. Quienes controlan el negocio del petróleo invierten enormes cantidades de dinero y esfuerzo en mantener a la humanidad en la ignorancia. A esas cúpulas de poder no les importa ensuciar el planeta ni destruir ecosistemas; lo único que importa es el control y mantener a la gente atada.
Todos sabemos, en un nivel profundo, que la energía es abundante y gratuita. Se puede obtener del agua, del sol, de la tierra, de las fuerzas electromagnéticas, de la gravedad y de las energías cósmicas del universo. Existen inteligencias galácticas que han mostrado vehículos y tecnologías que operan con estas energías libres. No somos dependientes del petróleo por naturaleza; nos han hecho dependientes para mantenernos en un sistema de esclavitud económica, obligándonos a pagar por servicios básicos, impuestos y combustibles. Las tecnologías para la liberación energética humana ya existen, pero aún se mantienen ocultas.
La idea de que el petróleo y el agua potable se van a acabar es, en gran medida, una narrativa diseñada para manipular conciencias a través del miedo a la escasez.
Para mí, el petróleo tiene un significado mucho más profundo: es un producto vivo de la Tierra, es la sangre del planeta. Es la capa densa que separa la tercera de la segunda dimensión. Es el fluido que lubrica las placas tectónicas. Así como la compresión a cientos de gravedades convierte un pedazo de carbón en un diamante brillante, la inmensa compresión de la roca y otros elementos primordiales en las entrañas de la Tierra genera este líquido negro. Es la roca misma transformada, que ayuda al planeta a mover sus estructuras internas.
Las conciencias galácticas y los seres intraterrenos comprenden esta naturaleza y han trabajado para mitigar los daños causados por el saqueo indiscriminado y los derrames que envenenan nuestra ecología. La humanidad aún debe despertar a la simbiosis sagrada que existe entre su planeta y el sol, entre las plantas y la tierra, entre el ser humano y su hogar cósmico. Todo está interconectado, y es aquí donde encontramos el puente hacia el segundo tema: la conexión entre el petróleo y el sexo.
El Sexo Manipulado y los Chakras Inferiores
Sabemos que nuestro cuerpo físico tiene correlaciones perfectas con el universo, con nuestro sistema solar y con nuestro planeta. Llevamos mapas estelares y terrestres impresos en nuestra biología, aunque aún estamos aprendiendo a interpretarlos.
Así como el petróleo ha sido explotado para mantener a la humanidad anclada a un sistema de supervivencia material, el sexo ha sufrido una manipulación similar, tanto desde dentro de nuestra sociedad como desde influencias dimensionales inferiores. Esta manipulación ha llevado a un profundo desequilibrio humano.
Aclaro que me refiero al sexo manipulado: aquel que se utiliza para extraer energía, para crear ataduras esclavizantes y para impedir que la conciencia se eleve hacia frecuencias superiores. No hablo del sexo equilibrado, consciente y amoroso, porque ese es hermoso, divino y un camino genuino de conexión espiritual.
El sexo, en su forma distorsionada, pone las cosas de cabeza. Los asuntos relacionados con la sexualidad podrían ser mucho más armoniosos, menos represivos y más conscientes del verdadero sentido del ser. Sin embargo, ha sido maniatado durante milenios por dogmas y religiones.
De Lemuria a la Modernidad: El Viaje de la Energía Sexual
Si miramos hacia atrás, a los tiempos de Lemuria, el sexo se entendía en toda su pureza. Se comprendía perfectamente la diferencia y la unión entre el fuego de la carne, el fuego del alma y el fuego del espíritu. Por ello, los lemurianos experimentaban la ascensión natural a través del despertar de la Kundalini. En esa época, los cuerpos eran expresiones hermosas de la divinidad, y el sentido de la moral y la estética era expansivo. El amor carnal era simplemente una de las múltiples formas de experimentar el amor de la Fuente: entregarse a él era tan natural como disolverse en el agua.
Durante la época de la Atlántida, la situación cambió drásticamente. Hubo una marcada diferenciación en la polaridad masculina y femenina, lo que precipitó la caída hacia la densidad. En su etapa de decadencia, la Atlántida experimentó la manifestación máxima del «tirano» interior y exterior (algo que la historia moderna vio resurgir, como un eco del subconsciente colectivo, en atrocidades como el Tercer Reich). En esa etapa oscura, la sexualidad se desvió hacia prácticas involutivas, desprovistas de amor y cargadas de violencia.
A lo largo de sus múltiples encarnaciones y humanidades, el ser humano ha querido experimentar los opuestos en su máxima expresión. Es por esto que, incluso hoy, en el punto donde deberíamos estar soltando viejas densidades, algunos todavía dramatizan la vida a través de la violencia y la represión. Lo que vivimos en la llamada «modernidad» es el resultado de todo ese recorrido.
El petróleo (la energía de la Tierra) y la sexualidad (la energía del cuerpo) son los dos elementos primordiales que hemos experimentado desde el desequilibrio. Nuestro desafío actual es encontrar una salida basada en la cordialidad, la consciencia y el amor para devolverlos a su estado armónico. Esto no solo es necesario para nuestra evolución espiritual, sino que es el requisito fundamental para que nuestro planeta vuelva a ser verdaderamente sustentable.
¿Cómo equilibras tus propias energías base?
Este camino de comprensión se enriquece con cada voz que se suma. Deja tu comentario aquí abajo y comparte tu perspectiva… Y si deseas seguir explorando estos temas, suscríbete al blog para recibir cada nueva entrada directamente en tu correo. Juntos construimos un espacio de luz para la unidad.
Deja un comentario