Edgar Sánchez Quintana

Sitio web oficial del escritor y filósofo Edgar Sánchez Quintana. Explora su obra completa, incluyendo novelas, cuentos, teatro, ensayos y periodismo cultural.

Categoría: cuento

  • —Me dedico a checar tarjeta —dijo el desconocido mientras la combi avanzaba por la ribereña del río Zahuapan, a la altura de la escuela Emiliano Zapata. —Qué güeno, yo no checo, me chisparon apenas de la fábrica y ahora me dedico a gastar la suela pa’ conseguir, si no consigo aquí en provincia, me voy…

  • La encontró en la escalinata tomando fotos del primer cuadro de la ciudad, mientras su peinado suelto negro azabache absorbía los rayos de sol que caían sobre su cuerpo. Era de tez rosada y nariz perfecta, hermosa como las mujeres del norte. Él se presentó como avecindado en Tlaxcala, pero lo cierto es que era…

  • El arrodillado cuartucho de Josebio, estaba absorbido por cachivaches que no sirven para nada. Su sarape ocupaba un rincón entelerido, quieto como chuleta fláccida y su cocina eran unas piedras y un hoyo en el suelo. Josebio era nervioso, parecía que siempre andaba “ciscado” de miedo. Mi evocación llega a tener sólo un vaho reminiscente…

  • —Era un gato. Los hombres con gran admiración hacían alarde de mis siete vidas. Tenía que confirmar lo que decían. Me puse en marcha hacia la azotea del edificio. Era una residencia de tres pisos. La terraza estaba llena de cachivaches y trebejos, parecía pista de aterrizaje con los aviones estrellados. Me acerqué a la…

  • Salgo al aire cuando se ha estrenado el día, y todo es igual que siempre. Malo sería que la ciudad estuviera de cabeza: que las casas fueran habitadas por las gentes, que los carros circularan por las calles, que la vida citadina fuera igual todos los días, que las leyes fueran puestas para ser obedecidas,…

  • Me engalané el cuerpo, enchulándolo con el cautivante enredo de una sonrisa. Y todo para verte, mientras circulaba por la avenida “Te amo”, me diligencié un recuerdo de tu bronceado pecho y se perjuició mi mástil orgánico. Cuando llegue a la avenida del “Éxtasis” esquina “Sabanas Virtuosas”. Se me figuró todo negro porque en esa…

  • Mi esqueleto se escapó por la ventana, se licuó entre la falda de la Malintzi y las sombras del entorno. Pensé en recuperarlo, pero necesitaba un recipiente en donde meterme. Me introduje en la pelota de mi sobrino, tan liviano como el aire. Mi acuosidad inicio en rebotes la búsqueda. Dejé atrás la estancia, impávida…

  • Cuando dejé de caminar, se acumuló el porvenir en mi consecuente mirada. Observé la cascada de entusiasmo de los transeúntes, y mis avaras manos alcanzaron la atmósfera. Me enverdecí de gusto. Las aguas de mi herencia me convidaron un zumo de locura. Los mediterráneos descalabros del pasado me perseguían, pero yo los enfrentaba como si…

  • Nos conocimos cuando la inflexible clase de experiencias me acompañaba a las compras del mercado. Malintzi me saludó con su envolvente mentalidad de amor, y yo retrocedí ante su hermosura. Nos convidamos el alma y recorrimos, como amigos, la ciudad de Tlaxcala. Ella tenía una inteligencia ruda, y sabemos que la rudeza, aunque se vista…

  • No acordó nada, sólo sucedió a partir del cumpleaños de Ramiro. Ella no le daría el abrazo porque lo quería, —aunque a primera vista esto suene ilógico— sin embargo, Alejandra no podía ponerse en evidencia. Prefería guardarse ese deseo, verse recatada; aunque Ramiro sabía que cosa sucedía. —Quiero comentarte algo —dice Ramiro acercándose a ella…