
Coyolxauhqui: Eco de Resistencia
Obra teatral en tres actos
Edgar Sánchez Quintana
Contenido
Actos y Estructura de la Obra. 2
Acto 1: La Conquista y la Heredad. 2
Acto 2: La Conmemoración y los Ecos del Pasado. 2
Acto 3: Liberación y Revelación. 2
Tipos de escenarios para cada acto: 4
Acto 1: La Conquista y la Heredad. 4
Acto 2: La Conmemoración y los Ecos del Pasado. 4
Acto 3: Liberación y Revelación. 5
Primer Acto: Coro de Damas de la Casa. 16
Segundo Acto: Coro de Soldados. 16
Actos y Estructura de la Obra
Se divide la obra en tres actos para abarcar los distintos tiempos y acontecimientos de la historia. Cada acto incluye escenas específicas y transiciones que conectan los eventos históricos con la conmemoración actual.
Acto 1: La Conquista y la Heredad
- Escena 1: La llegada de Andrés Tapia y Doña Imelda a Tlaxcala (1525)
Escenario: Una plaza en Tlaxcala, decorada con elementos indígenas y coloniales. Desarrollo: Andrés y su esposa Imelda entran en escena, mostrando su racismo y su control sobre la comunidad. Introducción de Coyolxauhqui María, quien es maltratada y humillada por Imelda, y obligada a llevar cascabeles en los pies. - Escena 2: El castigo de Coyolxauhqui María Escenario: La picota en la plaza. Desarrollo: Coyolxauhqui María se niega a obedecer a Imelda, quien la castiga severamente atándola a la picota. María expresa sus pensamientos en un monólogo que revela su amor por su tierra y su sufrimiento al ver su cultura oprimida.
Acto 2: La Conmemoración y los Ecos del Pasado
- Escena 1: La ceremonia de los 500 años (2025)
Escenario: La plaza moderna, ahora con un Oxxo en el fondo, junto a la antigua picota convertida en un elemento decorativo. Desarrollo: Victorino Gómez, exgobernador y descendiente de Andrés Tapia, y Carmen Contreras, ferviente católica y de derechas, preparan a su hijo Roberto. para dar su discurso en la conmemoración. Se presenta a Eduardo Mendieta, quien observa el lugar y percibe una energía diferente, notando algo extraño en la picota. - Escena 2: El fantasma de Coyolxauhqui María Escenario: En paralelo a la ceremonia, Eduardo ve una figura fantasmagórica: Coyolxauhqui María, atada aún a la picota. Ella, con angustia, implora liberación a los dioses y expresa su dolor, uniendo el pasado con el presente. Eduardo reacciona, asombrado y reflexivo.
Acto 3: Liberación y Revelación
- Escena 1: La intervención divina Escenario: El cielo se oscurece; una figura angelical (Claudia «la Brillante») desciende. Desarrollo: Claudia, en la visión de María, es Coatlicue. Con una espada de luz, Claudia rompe las ataduras de María en la picota. En el Oxxo, un corto circuito provoca que las luces se apaguen.
- Escena 2: El discurso de Roberto. Escenario: Roberto., sin percatarse de lo que ocurre, pronuncia su discurso alabando la «civilización» traída por los españoles, sin notar el simbolismo de la liberación de María. Eduardo, testigo de la escena, da un breve monólogo final que critica la visión limitada de los políticos actuales y destaca la necesidad de una verdadera reconciliación con el pasado.
Personajes
- Coyolxauhqui María: Protagonista indígena, de fuerte carácter y voz poética. Su monólogo refleja su conexión con la naturaleza y su cultura.
- Andrés Tapia: Comandante español arrogante, símbolo de la colonización.
- Imelda de Zúñiga: Esposa de Andrés, estricta y fanática religiosa, despectiva hacia la cultura tlaxcalteca.
- Victorino Gómez y Carmen Contreras: Los descendientes en la época moderna, reflejando la continuidad de la opresión y el elitismo.
- Roberto.: Ambicioso político que encarna la hipocresía de algunos poderosos actuales.
- Eduardo Mendieta: Intelectual y vidente, capaz de ver el pasado y el presente al mismo tiempo.
- Claudia «la Brillante»: Figura angelical que representa a Coatlicue, madre y liberadora de los oprimidos.
- Chamana: Tlazohitl, mujer guía del pueblo oprimido tlaxcalteca.
Extras: coro de mujeres, sirvientes de la casa
Extras: coro de hombres soldados en la plaza.
Este libreto explora la permanencia del abuso de poder y el desprecio por lo indígena a lo largo de 500 años, culminando en una escena donde la justicia ancestral trasciende el tiempo y el espacio. La combinación de una narrativa dramática y crítica social hará de esta obra una experiencia teatral profunda y emotiva.
Tipos de escenarios para cada acto:
Acto 1: La Conquista y la Heredad
Escenario: La Plaza de Tlaxcala, 1525. La casa de Andrés Tapia e Imelda

- Elementos principales:
- Una picota de madera tallada con detalles en relieve de figuras indígenas. Debe estar situado en el centro de la escena y ligeramente elevado, destacando como símbolo de castigo y opresión.
- En un rincón del escenario, se pueden ubicar figuras representativas de la cultura tlaxcalteca: jarrones, mantas, y algunas herramientas de trabajo que simbolizan la vida cotidiana y los valores indígenas.
- Un telón de fondo pintado con paisajes de la época: montañas, bosques y campos, que le dan un aire rural y alejado de la modernidad.
- Vestuario y ambientación:
- Los personajes colonizadores, Andrés Tapia e Imelda, deben estar vestidos con ropa de la nobleza española del siglo XVI, resaltando su posición de poder y contrastando con el vestuario de los indígenas, sencillo y rústico.
- Coyolxauhqui María viste un atuendo pobre, con faldas de colores terrosos y mantas tradicionales. Los cascabeles en sus pies y la picota deben acentuar la represión a la que está sometida.
- Iluminación y sonido:
- La iluminación debe ser tenue, con un enfoque dramático sobre la picota. Durante el monólogo de Coyolxauhqui María, un leve sonido de cascabeles acompañará su voz, representando la resignación y el sufrimiento.

Acto 2: La Conmemoración y los Ecos del Pasado
Escenario: La misma plaza en Tlaxcala, 2025, adaptada a una visión urbana.
- Elementos principales:
- La picota sigue en el mismo lugar, ahora como una especie de «monumento» del pasado, con algunas marcas de desgaste. Puede haber una placa moderna junto a ella que indique su supuesta «importancia histórica».
- Un Oxxo o tienda de conveniencia al fondo de la escena para simbolizar el avance de la modernidad sobre la cultura ancestral.
- Un estrado para los políticos, decorado con banderas y carteles con lemas de «conmemoración», contrastando la solemnidad del acto con el simbolismo de la picota.
- Vestuario y ambientación:
- Victorino Gómez y Carmen Contreras visten trajes formales modernos; Roberto. viste un traje más llamativo para destacar su papel de figura pública.
- Eduardo Mendieta, el intelectual, viste ropa sencilla, reflejando su desconexión con la superficialidad del evento.
- Iluminación y sonido:
- Al inicio, la luz es brillante y cálida para representar la festividad, pero cuando Eduardo comienza a percibir la figura de Coyolxauhqui María, el tono cambia a una luz más fría y espectral, con efectos de sombras que la hagan parecer casi invisible para el resto. , destacando su imagen para él.

Acto 3: Liberación y Revelación
Escenario: La plaza, bajo un cielo sombrío que refleja el cambio de energía.
- Elementos principales:
- La picota comienza a iluminarse como si estuviera «reviviendo». La figura de Coyolxauhqui María toma el centro, proyectada o semitransparente, generando una atmósfera mística. La tienda de conveniencia en el fondo se muestra más oscura, desconectada de la escena principal.
- Una figura angelical (Claudia) que baja desde arriba o aparece como una visión. Su vestuario puede imitar la iconografía de la diosa Coatlicue, con adornos de plumas y un halo resplandeciente.
- Vestuario y ambientación:
- Coyolxauhqui María, ya liberada de los cascabeles, se muestra en una postura firme y digna, en contraste con su apariencia inicial.
- Claudia, con un traje blanco y elementos dorados o de luz, representa una figura celestial y benévola.
- Iluminación y sonido:
- Al inicio del acto, el ambiente es oscuro, con un leve eco de campanas o instrumentos prehispánicos. Cuando Claudia aparece, se utiliza una luz cálida y celestial.
- Para el final de la obra, la luz se enfoca en Coyolxauhqui María y Eduardo, como los únicos personajes en contacto con las raíces y la realidad ancestral, mientras el estrado y el Oxxo quedan en sombras, resaltando la desconexión de la sociedad con su historia. .
- Cambio de Escenarios: La transición entre actos debe ser fluida, mostrando el paso del tiempo a través de la ambientación y el vestuario sin modificar masivamente la estructura de la plaza.
- Simbolismo visual: La picota permanece como un punto central de la historia y representa tanto el castigo como la resistencia y la dignidad indígena.
- Sonido e Iluminación para Enfocar Emociones: La combinación de sonidos prehispánicos y luces espectrales crea el ambiente adecuado para conectar los espectadores con la herencia cultural y los personajes ancestrales, destacando la introspección de Eduardo y la liberación espiritual de Coyolxauhqui María.
Estos escenarios no solo capturan la historia, sino que también sirven como una crítica visual de la continuidad de la opresión y la modernización superficial, logrando que el público reflexione sobre el simbolismo y el conflicto cultural subyacente.
Diálogos
Acto 1: Diálogo 1
Personajes : Andrés Tapia (A), Imelda de Zúñiga (I), Coyolxauhqui (C)
Escenario : Un salón en la residencia de Imelda de Zúñiga, de estilo colonial, con símbolos de opulencia y dominio europeo.
Diálogo 1: Andrés Tapia e Imelda de Zúñiga
I : (Con gesto altanero, mirando hacia la entrada) Te lo he dicho ya, Andrés, estos naturales son tan rebeldes como la tierra misma. Mira a Coyolxauhqui, otra vez sin las sonajas. Ni siquiera entienden de obediencia y decoro.
A : (Indiferente, con un leve tono de fastidio) ¿Esperas que entiendan de decoro, Imelda? Su lugar es otro, no este. Deberíamos tener a uno que otro como sirviente, pero educarlos es un esfuerzo inútil.
I : Y aun así, aquí estamos, soportando sus impertinencias. (Suspira profundamente) Esa mujer… Coyolxauhqui. Debes aprender que la falta de obediencia tiene su precio. La he llamado varias veces, y no aparece con esas sonajas, como debe ser.
R : Quizás no ha entendido el mensaje. (Ríe con sarcasmo) Quizás deberías recordarle con un castigo más… visible.
I : (Asiente, severa) Lo haré. Pero no sin antes darle una lección sobre la importancia de su lugar aquí. (Llama a Coyolxauhqui) ¡Coyolxauhqui! ¡Ven aquí, que no tienes nada más importante que cumplir con tus obligaciones!
(Entra Coyolxauhqui, con pasos firmes y mirada digna)
C : (Con una ligera inclinación) Aquí estoy, señora.
I : (Con desdén) ¿Aquí estás? ¿Así es como cumples tus deberes? ¡Sin siquiera las sonajas en tus pies! Eres un reflejo de tus gentes, descuidada y sin respeto por el orden. Aquí no somos como ustedes.
C : (Mantiene la compostura) Mis pies tocan la tierra como cualquier otra, señora. No necesito sonajas para sentir el camino.
A : (Con risa seca) ¿Escuchaste eso, Imelda? Estos naturales piensan que pueden elegir cómo presentarse ante nosotros. (Mira a Coyolxauhqui con burla) Piensa, mujer. Piensa antes de hablar.
I : (Con severidad) ¡Ya basta! Si no te presentas adecuadamente, te haré entender tu lugar. Y si decides desafiarme, tus pies tocarán no la tierra, sino la picota. ¿Lo entiendes, Coyolxauhqui?
C : (Serena, pero decidida) Como diga, señora.
Escena de transición: Interludio con Tlazohitl y Coyolxauhqui
Escenario : Un paraje natural cercano, entre árboles y plantas autóctonas. Coyolxauhqui se encuentra con Tlazohitl, una chamana sabia y de gran conexión con la naturaleza.
Diálogo 2: Coyolxauhqui y Tlazohitl
T : (Calmada, observando a Coyolxauhqui) Has venido con el peso de una tormenta en el rostro, hija. ¿Qué es lo que te inquieta?
C : (Susurrando, mirando el suelo) Señora Tlazohitl, siento que soy una piedra en el río de sus reglas. Ellos nos imponen cómo caminar, cómo hablar… y ahora, hasta me piden llevar sus adornos.
T : (Con voz suave, pausada) Lo que te piden no es respeto, es dominio. Pero recuerda, Coyolxauhqui, que nuestra verdadera fortaleza está en nuestra unidad. No importa lo que te coloquen en los pies, tus pasos seguirán siendo los mismos si mantienes la conciencia clara.
C : (Respira hondo) Pero, Tlazohitl, ¿cómo puedo mantenerme fuerte ante tanta humillación?
T : (Sabiamente) Piensa en la tierra, que recibe toda clase de huellas, pero jamás pierde su esencia. Así debes ser tú, una con la tierra y con nuestra gente. La resistencia viene del amor a nuestros antepasados ya los caminos que recorremos. Que tus pensamientos sean puros, como el agua que nos da vida.
C : (Más serena) Lo intentaré, Tlazohitl. Pero ellos me ponen a prueba, señalan mis errores con crueldad.
T : (Le toma la mano) Escucha, Coyolxauhqui. Puedes soportar lo que te piden, porque tus raíces son profundas. Eres fuerte, eres sabia y llevas en ti la dignidad de los nuestros. Que no te dobleguen. Camina con la conciencia clara y el corazón lleno de amor por esta tierra.
Escena 2: En la plaza pública
Personajes : Imelda de Zúñiga, Soldados, Coyolxauhqui
Escenario : Una plaza pública de la ciudad colonial, con una picota en el centro. Hay un grupo de soldados que guarda las órdenes de Imelda, quien muestra enojo e impaciencia.
Diálogo 3: Imelda y los soldados
I : (Con voz fuerte y autoritaria) ¡Soldados! Esta mujer ha ignorado todas mis advertencias y ha decidido desobedecerme una vez más. Coyolxauhqui no solo se ha presentado sin las sonajas, sino que, además, ha tenido el atrevimiento de responder con insolencia.
Soldado 1 : (Inclinando la cabeza) ¿Desea que la llevemos a la picota, señora?
I : (Con frialdad) Eso es precisamente lo que quiero. Que todos vean lo que ocurre con los que desafiaban nuestras reglas. Nadie puede burlarse de nuestro control.
Soldado 2 : (Dudando un poco) Señora, es una mujer…
I : (Interrumpiéndolo) ¡Eso no importa! Aquí no hay mujeres o hombres; hay obediencia o rebeldía. Y ella ha escogido la rebeldía. Llévenla a la picota y asegúrense de que todos la vean.
(Lugar del coro de los soldados)
(Los soldados se acercan a Coyolxauhqui, quien mantiene la mirada en alto y digna mientras es llevado a la picota)
C : (Mirando a Imelda, con firmeza) Podrán atarme, señora, pero no podrán arrancarme el alma.
I : (Con desprecio) Tu alma no me interesa, Coyolxauhqui. Solo tu sumisión. ¡Llévensela!
María, atada, eleva la mirada hacia el cielo.
Coyolxauhqui María:
Oh, Matlalcueye, madre de agua y tierra, ¿por qué me ha abandonado en este tormento? Esta piedra maldita que soporta mis huesos ya no es lugar de justicia, sino de burla. Me quieren silenciada, como las flores que pisan sin ver. Pero no callo, no soy susurrante aire, soy el trueno que aún vibra en el eco de los tiempos. Aunque amarren mis manos, mi espíritu… mi espíritu jamás será cautivo.
Coyolxauhqui (María), atada en la picota, eleva su mirada hacia el cielo y se dirige a los dioses, moviéndose inquieta mientras intenta soltarse:
Coyolxauhqui :
“Oh, Matlalcueye, madre de agua y de la tierra fértil, ¿dónde estás en este tormento? ¿Por qué tus ríos no vienen a lavar esta frente? Soy tierra y soy sangre, pero aquí me trata como hierba seca, como si pudiera arrancar mis raíces con una mano. ¡Matlalcueye! No te escondas en las nubes, que tu manto de agua caiga sobre mí y sobre mis heridas; Deja que mi voz cruce tu río sagrado, y escúchame, madre mía.
(Se retuerce, sus ojos arden)
Texcatlipoca, espejo que todo lo ve, ¿me ha vuelto el rostro? Dicen que no tienes misericordia, pero al menos dame tu fuerza. Dame el poder para ser el trueno que aún se escucha cuando todos callan. Ellos creen que me rompen con sus nudos, pero no saben… (Con un tono firme, desafiante) no saben que mis huesos son de obsidiana, y mis pensamientos, de piedra. No soy brisa sumisa, soy el eco del trueno en la montaña. ¡Escucha mi voz, Texcatlipoca! Que no me callarán.
(Hace una pausa, respira profundo, casi con reverencia, mientras invoca a Coatlicue)
Coatlicue, madre de los dioses, señora de la dualidad… (Cierra los ojos, sintiendo su presencia) Yo soy hija tuya, fruto de tus serpientes y de tu barro. Me dicen que calle, que agache la cabeza como un ciervo asustado. ¡Pero no, madre! No puedo. No bajaré la mirada. Aunque mi piel se rompe como el barro seco, mi alma es tuya y mía, jamás será de ellos. Dame tu furia, Coatlicue, para enfrentar a quien me pisa, para que sepan que no soy ni sumisa ni vencida. De ti tengo esta fuerza que arde, esta rebeldía que no se doblega.
(Coyolxauhqui jadea, agotada, pero sus ojos brillan con un fuego indomable. Pausa, con emoción)
(Evoca a Tlazohitl, su guía, grabando sus palabras, llena de esperanza)
Tlazohitl, chamana sabia, mis oídos aún resuenan con tus palabras. Dijiste que nuestra fuerza viene de la tierra, de los espíritus que caminan con nosotros. Dijiste que mi conciencia debía ser como el agua pura, sin miedo, sin manchas. (La voz temblorosa, pero resuelta) No es fácil, Tlazohitl. No es fácil cuando la soga corta la carne y el mundo se vuelve sombras. Pero te escucho, te escucho en mi corazón. Soy más que este cuerpo atado, soy más que estos huesos. Tengo la sangre de mi gente y la dignidad que nadie puede robar.
(Con un último esfuerzo, Coyolxauhqui se yergue tanto como puede, lanzando sus palabras al viento, como si quisiera que todos oyeran su desafío)
Aunque amarren mis manos, aunque mis pies se hundan en la piedra fría de este maldito suelo, mi espíritu… mi espíritu jamás será cautivo. Soy Coyolxauhqui, hija de las montañas y del sol. Soy la voz que no se extingue. Que lo escuchen, que todos lo sepan: no podrán romper lo que soy, no podrán apagar mi fuego. Y cuando todo esto acabe, cuando sus nombres se borren en el polvo, mi nombre y mi voz seguirán resonando.
Este segundo acto, situado en el presente, revela las tensiones sociales y el contraste de perspectivas entre los personajes, especialmente en cómo cada uno se relaciona con la historia y la identidad indígena. Vamos a desarrollar ambos diálogos y el monólogo de Eduardo para expresar estas complejidades y su conexión con la figura de Coyolxauhqui.
Acto II
Escenario:
Una plaza pública en Tlaxcala, decorada para un evento político. Roberto., el joven y ambicioso político, se prepara para dar su discurso desde el escenario. Entre la multitud, sus padres, Victorino Gómez y Carmen Contreras, observan con una mezcla de orgullo y arrogancia. A un lado del escenario, se encuentra a Eduardo Mendieta, un hombre de pensamiento profundo, que observa el evento con una percepción distinta, casi hipnótica, vislumbrando la figura de Coyolxauhqui en la picota, una visión que parece un eco del pasado.
Primer diálogo: Victorino Gómez y Carmen Contreras
(Victorino y Carmen están de pie, mirando a su hijo en el escenario. Carmen ajusta un pañuelo caro en su cuello, mientras Alfonso frunce el ceño, observando a la multitud de personas comunes que se acercan al evento.)
Victorino : (con disgusto) Mira nada más, Carmen, la gente que viene a este tipo de eventos… como si esto fuera una feria de pueblo.
Carmen : (entrecerrando los ojos, despectiva) Sí, los de aquí mismo… se nota que el “pueblo” de Tlaxcala no se cansa de ser tan… vulgar. Sin estilo, sin saber comportarse en un evento como este.
Victorino: (resopla) Y no te digo lo peor. Todos vienen porque creen que esto es un acto para ellos, que porque Robertito está ahí arriba, ya están representados. Qué ilusos… Ni idea tienen de lo que significa este evento a nivel político.
Carmen : (con una sonrisa falsa) Ay, pero querido, ellos son necesarios para la foto. Y ya sabes, mientras más “auténtico” se vea el evento, más contento estará el partido. Después de todo, esto es solo una parada más en el camino de nuestro hijo.
Victorino: (sonríe de lado, cínico) Pues sí, Carmen, después de todo, estos eventos no son para escuchar al “pueblo”. Son para darles un rato de espectáculo y asegurar su voto. Lo que importa es la política de altura, la diplomacia… (hace una pausa, disgustado) Aunque eso signifique llenarse de… esto.
Carmen : (sarcástica) Pero, cariño, hay que sonreír. Que parece que nos importa. (levanta una mano para saludar a alguien de la multitud, mientras susurra) Así que, aquí estamos… comprometidos, aparentando estar tan contentos entre la gente «común».
Segundo diálogo: Monólogo de Eduardo Mendieta
(Eduardo, apartado de la multitud, mira con ojos absortos hacia el escenario y la picota, perdiéndose en pensamientos que van más allá de la realidad tangible. Su expresión es de asombro y reflexión profunda. Comienza su monólogo en un tono introspectivo, como si hablara consigo mismo.)
Eduardo :
(voz baja, pausada) Qué curioso es verlos aquí, vestidos de fiesta, de superioridad. La historia se repite, pero no como las vimos en libros… sino en estos rostros que creen dominar la escena, creyéndose más elevados. (Mira a la multitud y luego fija la vista en el escenario, su tono se vuelve más profundo y analítico) Dicen que se construye una nación… y luego vienen a ver cómo la deshacen con discursos vacíos.
(Pausa, como si hablara desde su mente, con un tono casi poético) ¿Cómo lo explico? Cada gesto, cada sonrisa falsa de esas personas, parece una careta en una obra de teatro… todo tan frágil, tan poco auténtico. Veo sus miradas y ahí, ahí está la verdad. Hipocresía, miedo y arrogancia, bailando una danza que ya nadie recuerda cómo empezó.
(Sus ojos se mueven hacia la picota, al fondo de la plaza, donde vislumbra una figura tenue, entre la niebla. La imagen de Coyolxauhqui se materializa en su mente, atada, pero no vencida) Pero ella… (susurra) ella sigue ahí. Coyolxauhqui, la desterrada, la olvidada. ¿Es real? O solo soy yo, que la veo… veo su sombra en este lugar.
(Mientras el ruido de la multitud aumenta, Eduardo sigue inmerso en su visión, su tono se vuelve casi solemne) Quizás soy el único que recuerda, el único que ve en estos símbolos lo que otros no pueden ver. Porque estos actos, estos discursos de grandeza colonial… ¿a quién engañan? Todo esto… solo son palabras vacías que se desmoronarán. Y ahí, en la picota, sigue la verdadera historia, los verdaderos gritos de quienes fueron olvidados.
Tercer diálogo: Discurso de Roberto.
(Roberto. en el escenario, con micrófono en mano. Se dirige al público con una sonrisa de seguridad. Aunque su discurso tiene un tono amable, sus palabras reflejan una visión idealizada de la colonización.)
Roberto .:
(voz firme) Hoy es un día especial para Tlaxcala, para todos nosotros. No solo celebramos el presente, sino el legado que nos ha hecho grandes. La colonización española trajo consigo avances, progreso y civilización que aún hoy son el pilar de nuestro país. Es una herencia que debemos honrar, sin rencores ni resentimientos, sino con gratitud por lo que hemos construido juntos.
(Mientras habla, la luz se apaga de repente. Hace una pausa, confundida, pero sonríe, restando importancia) Disculpen, parece que estamos teniendo un pequeño problema técnico. Pero nada nos detendrá hoy, porque esta celebración representa algo mayor a cualquier inconveniente. Representa nuestro pasado, nuestra historia… y una nación que se alza fuerte y unida.
Este segundo acto introduce con claridad las distintas posiciones y emociones de los personajes. Mientras Victorino y Carmen encarnan el desprecio y la hipocresía, Eduardo representa una conciencia crítica y espiritual que comienza a vislumbrar la profundidad histórica y simbólica de Coyolxauhqui. La visión de ella en la picota es un contraste directo con el discurso de Roberto., generando una atmósfera de tensión y dualidad entre lo superficial y lo auténtico.
Acto III
Escenario:
El espacio es el mismo, pero ahora la atmósfera ha cambiado. La plaza se percibe en sombras, como si la historia emergiera de las mismas piedras. Eduardo está solo en la escena, mirando con intensidad hacia la picota, donde se vislumbra la figura de Coyolxauhqui. La visión se tornó más nítida; Coyolxauhqui no es solo una imagen sino una voz que emana con fuerza y dignidad. La figura de Coatlicue aparece detrás de ella, como un eco espiritual de las raíces de este pueblo. Eduardo es el único que ve y escucha esta manifestación.
Diálogo de Coyolxauhqui: Monólogo hacia Coatlicue
(Coyolxauhqui levanta la cabeza hacia el cielo, su voz se convierte en un grito poderoso, una súplica y un llamado a la acción. Su tono es firme y vibrante, lleno de carácter y autoridad.)
Coyolxauhqui :
Oh, Coatlicue, madre de las montañas y de las estrellas, tú que vestiste la tierra de vida, que diste forma a las piedras y fuego a los cielos, ¡escucha a tu hija! Aquí, en esta prisión de tiempo, yo clamo por los antiguos. Por aquellos que fueron sometidos, arrancados de su suelo y de su espíritu, por los que silenciaron sus cantos y arrebataron sus plumas.
(Coatlicue parece acercarse, rodeando a Coyolxauhqui en una luz tenue que realza su figura. Coyolxauhqui toma un profundo aliento, elevando su voz aún más.)
Mira a este pueblo, madre, tus hijos de Tlaxcallan, que cargan en sus espaldas siglos de cadenas invisibles, heridas que aún arden en la carne de sus sueños. Les dijeron que olvidaran, que sus raíces eran débiles y de barro; pero yo te pido, Coatlicue, que rompas los lazos, que traigas de nuevo la memoria de nuestras raíces sagradas.
Nos llamaron traidores, cuando lo único que buscamos fue sobrevivir en el polvo de una guerra impuesta. ¿Acaso fuimos menos dignos por defender nuestras aldeas, por guardar nuestras historias en el susurro de los árboles? Dame la fuerza, madre, para liberar el espíritu de Tlaxcala, para que el viento cante de nuevo con las voces de los abuelos y los nietos encuentren el sendero hacia sus orígenes.
(La luz se intensifica alrededor de Coyolxauhqui, y ella abre sus brazos hacia el cielo.)
Que cada hijo de esta tierra se sienta en sus venas el fuego de Camaxtli, la resistencia de Texcatlipoca, la sabiduría de los ancestros. Que despierten, que se levanten como la montaña que no se inclina. Tlaxcala no fue hecha para el olvido. Que los antiguos vuelvan, que se rompan las cadenas y se libere la dignidad.
Monólogo final de Eduardo
(Eduardo, profundamente conmovido, permanece en unos instantes. Sus ojos brillan de una comprensión recién descubierta, como si hubiera presenciado una revelación. Da un paso silencio adelante y habla para sí mismo, aunque su voz es firme, casi como un juramento.)
Eduardo :
He visto lo que no podía ver antes. Ella… ella no es solo una visión, ni un recuerdo de piedra. Coyolxauhqui es la voz de esta tierra, la fuerza dormida que llama desde las entrañas de los volcanes, desde los ríos que aún resisten el olvido. (Hace una pausa, respirando profundamente) Cada palabra suya ha sido un recordatorio de lo que dejamos atrás. De lo que aún arde bajo nuestras propias máscaras.
Hoy, aquí en este lugar donde la historia nos observa, siento que la esperanza aún nos pertenece. No en los discursos de grandeza vacía, sino en el susurro de aquellos que aún recuerdan. La libertad de Tlaxcala no es un símbolo perdido, es la sangre que corre en nuestras venas. Y aunque intenten borrarnos, siempre habrá un Coyolxauhqui en cada uno de nosotros que resista, que se niegue a caer.
(Mira hacia el horizonte, con determinación y paz) Así lo he visto, así lo he vivido. Hoy, en medio de estas sombras, puedo decir que hay esperanza, una esperanza que ya no puede ser silenciada.
Este cierre del tercer acto muestra la transformación de Eduardo, quien se convierte en el portador de una nueva conciencia sobre la identidad y dignidad de Tlaxcala. Coyolxauhqui, como símbolo de resistencia y orgullo ancestral, encarna la llamada a la autenticidad ya la liberación de un pueblo que ha soportado siglos de olvido y desprecio. Este acto finaliza con un sentido de renovación, un llamado a reavivar la memoria ya sostener la esperanza para el futuro.
Primer Acto: Coro de Damas de la Casa
Contexto: Un trío de mujeres de la casa de los Zúñiga, con la cabeza doblada en señal de sumisión, entona un coro para invitar a Coyolxauhqui a hacer lo mismo. Este coro refuerza la idea de una obediencia impuesta y de la presión social para aceptar una sumisión forzada.
Coro de las damas: (En un tono suave, armonioso y casi hipnótico, como si se tratara de un canto de cuna que esconde un toque siniestro)
Damas (Coro):
Baja el rostro, Coyolxauhqui,
así se vive en paz.
Sumisa y dócil la vida pasa,
sin tormento ni más.
(Coyolxauhqui permanece erguida, sin obedecer)
Damas (Coro, en tono de insistencia) :
No levantes, no mires,
que el viento no lo sabrá.
Dóblate como junco suave,
y tu vida perdurará.
Damas (Coro, último verso en tono bajo y suave) :
Esconde tu fuego,
apaga tu sol.
Aquí solo mandan
los dueños en control.
Segundo Acto: Coro de Soldados
Contexto: Los soldados, que apresan a Coyolxauhqui, cantan un coro de tono burlón y despreciativo, cargado de un acento españolizado y de un tono de superioridad. Su canto es una advertencia en verso, dirigida a aquellos que se atrevan a desafiar el poder de los colonizadores.
Coro de Soldados :
(En tono burlón, como una canción popular de taberna)
Soldados (Coro) :
¡Ay de aquel que se atreva,
que no quiera obedecer!
El látigo tiene lengua,
que el terco va a aprender.
Soldados (Riendo en coro) :
¡Ja, ja, mira esta india!
Cree tener dignidad.
A la picota se va derechita,
a purgar su necesidad.
Soldados (Finalizando en un tono intimidante) :
No hay honor para el rebelde,
ni gloria para el de abajo.
Quien desafíe la corona,
con dolor pagará su trabajo.
Estos coros enriquecen la obra al proporcionar momentos de tensión y a la vez expanden la ambientación y el mensaje de fondo. Funcionan como voces colectivas que refuerzan el control social, mientras Coyolxauhqui se presenta como una figura de resistencia que rechaza ese sometimiento, elevando así la tensión en los momentos clave del acto.