
Por Edgar Sánchez Quintana
La historia de las vanguardias en México no es una sucesión de fechas, sino un estallido de voluntades. Cuando en los años 20 el Estridentismo lanzó su grito de «¡Viva el mole de guajolote!», no estaba haciendo una broma gastronómica; estaba ejecutando un acto de terrorismo estético contra la cursilería burguesa. Hoy, en la Tlaxcala del siglo XXI, ese estruendo ha sido sustituido por un silencio digital anestesiante, y es urgente recuperar la fenomenología del oprimido para despertar de la «platanez» absoluta.
La Fenomenología del Oprimido en la Era del Algoritmo
Para entender nuestra realidad, debemos partir de un punto de salida: la conciencia de la opresión. Si Paulo Freire hablaba de la pedagogía del oprimido como el camino hacia la liberación, hoy debemos hablar de una fenomenología del oprimido digital. El oprimido actual no solo es aquel que carece de recursos, sino aquel cuya atención ha sido colonizada por la Inteligencia Artificial y un sinnúmero de distractores que fragmentan su soberanía intelectual.
En Tlaxcala, esta opresión se manifiesta en una somnolencia colectiva. Hemos pasado del «orden y progreso» positivista al «entretenimiento y sobrevivencia» neoliberal. El ciudadano, y peor aún, el creador, se ha convertido en un consumidor de realidades prefabricadas por el algoritmo de Facebook o TikTok, perdiendo la capacidad de ver la «nervadura de pasión» que debería latir en sus hijos.
Crítica a la Institucionalidad: El Sedentarismo de la Cultura
La crítica debe ser directa hacia las autoridades dedicadas a la cultura. Encontramos instituciones que operan bajo una lógica de «dádiva» y «hueso», donde la gestión cultural se reduce a libros de gobernadores y eventos para apellidos acomodados. Es una sátrapa institucional que merece la anarquía, no como caos, sino como la disolución de un orden que ya no sirve a la vida.
Pero los creadores e intelectuales no están exentos de culpa. Muchos se han infantilizado, convirtiéndose en almas débiles que flaquean ante la prisa de la sobrevivencia. El intelectual sedentario, aquel que espera la beca o el aplauso oficial, ha olvidado que el arte es un martillo para dar forma a la realidad, no un espejo para retocarla.
El Estridentismo como Arma contra la IA
¿Cómo enfrentar una realidad saturada de IA? La Inteligencia Artificial es el nuevo «andamio interior», una estructura que puede sostener nuestra creatividad o aprisionarla. El error no está en la tecnología, sino en la falta de estridencia al usarla. Si el estridentista de 1921 abrazaba la radio y el cemento armado para subvertir la academia, el artista de hoy debe usar la IA para sabotear la normalidad, para crear una Tlaxcalentópolis de la conciencia que sea ilegible para el mercado pero luminosa para el pueblo. Hacia una Estética de la Revuelta
La libertad hacia algo distinto solo nacerá de una estética de la revuelta. Necesitamos recuperar el ideal anarquista de Praxedis G. Guerrero: la idea de que la palabra debe ser un punto rojo de fuego. Debemos arrojar nuestra obra a la lumbre de la purificación, pisotear las llamas de lo viejo y exigir una política cultural que no se base en el presupuesto, sino en la soberanía y creatividad infinita.
Tlaxcala está sobrada de historia y engrandecimiento, pero ese ADN de esperanza ha sido puesto a dormir. Es hora de despertar el estruendo. Es hora de que el arte vuelva a ser un acto de guerra contra la indiferencia. Porque si no alzamos la voz ahora, entre el ruido de los distractores y el silencio de las instituciones, nuestra tierra pronto será cenizas y destierro.
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