Zumbaba cerca, parecía un vuelo desesperado, con prisa, en unos aspavientos acelerados. Danzaba en el aire que respiraba, luego, la mosca se detuvo; aventurándose a comer el azúcar de la taza de café, en el borde floreado y albino. Me miró, diciendo: —Tú eres Dios. Tú eres eterno, lo puedes todo; yo soy perecedero, mortal y etéreo; navego en una realidad apresurada, por eso mi vuelo, por eso mi gesticulación volátil, por eso te molesto tanto. No me das vida, pero sí la quitas con tu propia mano. Tú eres mi Dios, el hombre es mi Dios. — ¡Vete de aquí! — Le dije — ¡Vete! Lánzate a gozar de tu vida, encontrarás en este tu universo pequeño, lo suficiente para tu existencia. Devora las semillas del segundo y no pierdas más tú tiempo. Baila sobre lo que pueda hacerte más feliz, pero no retes a tu Dios, no lo ofendas, no lo disgustes, pues encontrarás cortada tu existencia. Se alejó sin decir más, había dejado sujeta como grapa una enseñanza, ¿Le había dado aliento? ¿Qué hubiera pasado si le hubiera corregido que yo no soy ningún Dios, que era como ella: efímero, transitorio, vaporoso?
Edgar Sánchez Quintana
Sitio web oficial del escritor y filósofo Edgar Sánchez Quintana. Explora su obra completa, incluyendo novelas, cuentos, teatro, ensayos y periodismo cultural.
recent posts
- EL SALTO DE PROMETEO EN TLAXCALENTÓPOLIS
- DEL ORDEN POSITIVISTA AL HUMANISMO MEXICANO: LA METAMORFOSIS DEL INTELECTUAL FRENTE AL ESTADO
- EL FUEGO DE LA DIGNIDAD: TEÓDULO RÓMULO Y LA ENTEREZA DEL ARTISTA PLÁSTICO
- LOS DUELOS DE LAS LETRAS DE MÉXICO EN EL FIN DEL MILENIO: UN PARÉNTESIS ETERNO A OCTAVIO PAZ (1914-1998)
- TLAXCALA ENTRE EL PLANO Y LA CONFIANZA: DEL URBANISMO METROPOLITANO AL CASO DEL PARQUE DE LA JUVENTUD
Deja un comentario