Edgar Sánchez Quintana

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Imagen hiperrealista y vibrante de un baile sonidero tradicional en una plaza de Tlaxcala. En primer plano, la silueta de un DJ (sonidero) frente a torres de audio iluminadas con neones multicolores. Al fondo, una multitud diversa baila en armonía bajo un cielo estrellado, con la silueta de una iglesia colonial y un volcán lejano. La composición captura la energía, la alegría y el sentido de comunidad que define el movimiento de la cumbia popular en la región.

Por Edgar Sánchez Quintana

A menudo, la mirada intelectual se posa con reverencia sobre el muralismo, la cantera o la literatura académica, pero desvía la vista —o peor aún, la nariz— cuando el aire se llena con el estruendo de un baile sonidero. Existe en Tlaxcala una resistencia silenciosa, un prejuicio que etiqueta a la cumbia y a la música tropical como «géneros menores». Sin embargo, si nos despojamos de la soberbia estética, descubrimos que en el ritmo de la güira y el acordeón late una de las expresiones más auténticas, potentes y cohesionadoras de nuestra cultura popular.

Reconocer a nuestros artistas regionales de la cumbia no es una cuestión de gusto musical; es un acto de justicia cultural. Estos grupos, desde los históricos hasta los emergentes, son los verdaderos cronistas de la alegría y el desahogo de un pueblo que, entre jornada y jornada, encuentra en el baile su espacio de libertad.

I. La Geografía del Goce: De Apizaco a San Pablo del Monte

La escena cumbiera en Tlaxcala no es un fenómeno marginal; es una red vibrante que descentraliza la cultura. Mientras que los museos se concentran en la capital, la cumbia habita en cada rincón del estado. Nombres como Los Dukes de Apizaco, con décadas de trayectoria, o Grupo YeaH! de Terrenate, representan una estirpe de músicos que han profesionalizado el sentimiento popular.

Desde Calpulalpan con el Súper Combo La Sonora, hasta el sur en Papalotla y San Pablo del Monte con Grupo Escala, la geografía tlaxcalteca está trazada por el ritmo. Estos artistas no solo tocan música; construyen identidad regional. Cuando Grupo X de Santiago Ayometitla entona su «Cumbia Tlaxcala», no está simplemente ejecutando una melodía, está realizando una afirmación territorial que resuena con más fuerza en el corazón del pueblo que cualquier discurso oficial.

II. El Sonidero: El Ritual de la Plaza Pública

No se puede entender la cumbia en Tlaxcala sin la figura del sonidero. Es en la plaza pública, en la fiesta patronal o en la calle cerrada donde la música se convierte en ritual. Grupos como DKDAZ, Grupo Jaguar o Vetzy han entendido que su escenario no es solo el estrado, sino la masa que se mueve al unísono.

El movimiento sonidero ha sido definido como una práctica que democratiza el espacio público y fortalece la memoria colectiva. En Tlaxcala, este patrón se reproduce con una vitalidad asombrosa. Artistas como Grupo Quintanna o Grupo X-YE de San Matías Tepetomatitlán han sabido navegar entre la tradición romántica y la potencia del baile sonidero, creando un puente generacional donde conviven abuelos y nietos bajo la misma luz de neón.

III. Talento, Disciplina y el Orgullo de lo Propio

Es hora de romper el mito de que la música popular carece de rigor. Detrás de cada presentación de Grupo Klaz y Keroz o de la trayectoria de Jorge Domínguez y su Grupo Super Class, hay años de disciplina, inversión en equipo y una búsqueda constante por conectar con el público. Estos grupos son empresas culturales que generan empleo, mueven economías locales y, sobre todo, exportan el nombre de Tlaxcala a otros estados y países a través de plataformas digitales.

Incluso si el «sonidero popular» no es nuestro ámbito predilecto, es imperativo reconocer el talento regional. Negar la importancia de agrupaciones como Grupo La Meneo de La Magdalena Tlaltelulco o Grupo Dominados es negar una parte esencial de lo que somos. Tlaxcala está «sobrada de historia», sí, pero esa historia también se escribe hoy en las partituras de la cumbia.

IV. Conclusión: La Cumbia como Patrimonio Vivo

La cultura no es un objeto estático en una vitrina; es un organismo vivo que respira, suda y baila. La cumbia tlaxcalteca es el testimonio de un pueblo que se enorgullece de sus raíces y que sabe celebrar su existencia a pesar de las adversidades.

Visibilizar a estos artistas es reconocer que la grandeza de Tlaxcala también reside en su capacidad para crear belleza desde lo cotidiano y lo popular. Que este ensayo sirva para que, la próxima vez que escuchemos el eco de una cumbia a lo lejos, no solo oigamos ruido, sino el latido orgulloso de una tierra que sabe que su cultura es tan diversa como su gente. Porque al final del día, en el baile, todos somos iguales y todos somos Tlaxcala.

Invitación a la Acción:

La música popular es el espejo de nuestra identidad más genuina. ¿Cuál es ese grupo o canción de cumbia que te recuerda a tu comunidad o a tus fiestas familiares? Te invito a dejar tus prejuicios de lado y a compartir en los comentarios tu reconocimiento a los artistas que nos hacen bailar. ¡Celebremos juntos el talento de nuestra gente y el orgullo de nuestra cultura popular!

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